El dilema de las fuerzas democráticas en Colombia

Por andar buscando motivos para dividirse, las fuerzas alternativas y de oposición en Colombia están perdiéndose una gran oportunidad para la unidad y la transformación del país.

Por: Mauricio Vargas González

Sigo pensando que fue un error de Petro haberle atravesado a Hollman Morris a la candidatura Verde de Claudia López que a la postre terminó ganando. Un yerro tan análogo como el del candidato profesor Sergio Fajardo, quien en medio de la singular coyuntura para impedir la continuidad de la corrupción y la politiquería prefirió irse a ver ballenas y junto al destacado pero en este caso equivocado, senador Jorge Robledo, llamaron a votar en blanco.

Primó la reacción, sí, la reacción… y no la razón, se puso en riesgo la Alcaldía de Bogotá -y se perdió la Presidencia de la República en 2018- de caer en manos directa o indirectamente del uribismo y de la clase política tradicional, y se envió un confuso mensaje contra el Frente Amplio que profundizó las diferencia con posibles aliados -que incluso lo apoyaron en la segunda vuelta presidencial-.

La declaratoria de oposición de la Colombia Humana en Bogotá es un resultado natural de esta miope y nefasta decisión política. Sazonada también, todo hay que decirlo en la vida… por la acusación de López a los miembros de esta de ser auspiciadores del vandalismo en la Capital.

Cabe mencionar el altercado que tuvieron en el Parlamento estas dos fuerzas por el nombramiento de la vicepresidencia del Senado, donde Gustavo Bolívar dice que le hicieron conejo, mientras que Antonio Sanguino manifiesta que esta afirmación no es precisa ni verídica. Al final terminó ungido Iván Name en esta dignidad en representación de la oposición.

Sin embargo son apenas avatares de la brega política, gajes del oficio como diría James Bond. No hay un agravio o una ofensa que se diga irreconciliable, si en el centro del debate ambas expresiones de la democracia colombiana -Pacto Histórico y Coalición de la Esperanza- entienden que es precisamente el uribismo la principal talanquera para la implementación de los Acuerdos de Paz, un verdadero combate al hambre y un cambio en las políticas sociales y económicas que tienen a la mitad de la población en la pobreza, gran parte de ésta excluida de derechos primordiales como la salud, la educación, la vivienda y el trabajo.

Ojalá los sectores más esclarecidos del Pacto sepan darle un rumbo distinto al proyecto unitario y se logre consolidar esa enorme Coalición Democrática para derrotar al fascismo en 2022.

Ya se conocen posturas como las del senador Iván Cepeda y las del presidente de la Unión Sindical Obrera, Edwin Palma, en el sentido de no seguir profundizando las diferencias con los otros sectores de la centro izquierda.

Pero esto requiere también que dentro de la Esperanza las tendencias más conscientes sepan orientar la coalición al cese de los vetos y las acusaciones -bajo el calificativo de tóxico, término acuñado por Iván Marulanda hacia Gustavo Petro-y demás temores y prevenciones por el pasado guerrillero de este, pues reconociendo la bancarrota de esta forma de lucha se integró a la democracia, la civilidad y el pacifismo.

¡La polarización no es la salida, el acierto es la unidad!

En síntesis, que se pongan de acuerdo en un programa y unos principios que permitan la convergencia, sin egos ni vanidades, pues hay oportunidad que elijan un gobierno: Una Presidencia y un Congreso alternativo y por qué no, ir juntos en las locales del 2023…

Señores de la vanguardia… orienten por fin al país a los albores del siglo XXI, se puede, palabra que sí.