«Matarife, la serie», algunas consideraciones preliminares

Estrenada el 22 de mayo, en menos de 24 horas la serie «El Matarife, un genocida innombrable» había alcanzado cerca de 4 millones de visitas en YouTube. Su primer capítulo, titulado «La bomba que activó la élite», era el inicio de una larga arremetida que prometía destrozar moralmente al político Álvaro Uribe Vélez, así como a sus seguidores y a su círculo más cercano.

Captura de pantalla de Matarife, la serie.

Por: Ludwik Cepeda / @LudwikDecimo1ro

 

Para empezar, El Matarife, o Matarife la serie, como también se le conoce, sienta varios precedentes que vale la pena considerar. Es la primera serie documental en ser transmitida por redes de mensajería instantánea, como WhatsApp  y Telegram. La primera que parte del triunfo de una tutela, que en este caso blinda jurídicamente y autoriza a los periodistas y comunicadores, así como a todos los colombianos, a llamar «matarife», «asesino», «genocida», «narco» y «paramilitar», entre otras expresiones de grueso calibre, al político colombiano en cuya presunta vida delictiva se concentra la serie: Álvaro Uribe Vélez.

Matarife la serie, además, es la primera serie web en la que su guionista, quien a la vez actúa como presentador y narrador, invita y reta a sus detractores políticos a presentar demandas contra la producción. ¿Llegarán a hacerlo? No lo sabemos, y aún falta mucho por ver.

En tan solo 24 horas, el primer capítulo de la serie, de algo menos de 7 minutos, alcanzó cerca de 4 millones de visualizaciones. ¡Y aún faltaban cerca de 50 capítulos más! Muchos interpretaban el inicio de esta serie como un «merecido homenaje a las víctimas». En YouTube y otras plataformas sociales, algunos usuarios enviaban mensajes ofreciendo entregar información sensible que comprometía a Álvaro Uribe Vélez, e indicaban su correo electrónico para que el periodista Daniel Mendoza los contactara. Otros internautas expresaban que la serie merecía más temporadas que la Casa de Papel. Y así sería, pues Matarife la serie contaría con ocho temporadas.

Algunas críticas, también respetables, aducían que a la serie le faltaba rigor y cuestionaban que se tratara de un «documental». Y otros deducían que una serie cuyo título estuviera resaltado en una tipografía roja y como una marca de sangre quizá no prometería mucho.

Como quiera que sea, la serie no dejaba indiferente a nadie. Había un furor inusitado sobre el tema. Uribe, por su parte,  suscitaba un odio particular entre sus detractores, que eran millones de personas en todo el mundo.

 

Sobre el innombrable

A mi manera de ver, que he podido conocer algo de cerca el trabajo de Daniel Mendonza, creador de El Matarife, la serie está basada en un nutrido acervo de evidencias de tipo documental escudriñadas con rigor periodístico y criminológico. Pese a ello, era apenas lógico que su oscuro contenido generara gran zozobra e indignación en los simpatizantes del uribismo. Lo de «genocida innombrable», al igual que el apelativo de «matarife» son rúbricas ignominiosas con las que se pretende aludir a un periodo sangriento de la historia colombiana (2002-2010, en especial, entre 2004-2007), en donde miles de personas, sobre todo humildes campesinos, fueron asesinados con el fin de presentar resultados de bajas militares y en el que se produjeron más desapariciones forzosas que en las dictaduras de Chile y Argentina.

«Estoy descuadrado en tres muertos», decía un uniformado de las fuerzas militares. «¿Cómo los quiere?», le respondía un jefe paramilitar. Se trataba de un cruento episodio del que Colombia está lejos de recuperarse, conocido como los «falsos positivos».

Lo del «innombrable», como desconocen algunas personas, no fue un invento de nadie en particular, sino de diferentes periodistas, influencers y políticos colombianos, que no podían hacer acusaciones directas sobre Álvaro Uribe Vélez, pues de inmediato eran objeto de amenazas y persecución judicial. Dicha nominación, además, surgió debido a que en diferentes regiones de Colombia estaba prohibido mencionar el nombre de este señor, pues quienes lo hicieran corrían el riesgo de ser asesinados por grupos al margen de la ley. Este apelativo, además, se había generalizado debido al odio y desprecio que sentían muchas personas de solo pensar en pronunciar el nombre de aquella figura pública.

No es un fenómeno nuevo; de hecho, la omisión del nombre de aquel político colombiano toma forma en diferentes libros, programas de televisión, artículos de prensa, entrevistas, etc., en los que se evita emplear su nombre, pues los implicados consideran que dicho personaje está manchado de sangre y de numerosos delitos, entre ellos, la perpetración de masacres, de ahí la alusión de «genocida». Por su parte, la nominación de «el innombrable» es el reflejo de un odio visceral generalizado, un frenético fenómeno de masas, que no debe desconocerse, que ahí está y ha echado profundas raíces en los imaginarios sociales. Odio que, de seguro, después de la producción Matarife la serie, buscará ser «capitalizado» de diferentes maneras, como ya está sucediendo. Las madres de Soacha, por ejemplo, sacaron tapabocas alusivas a la serie.

 

Así se escribió el guión

Por otro lado, la serie tiene algunos méritos humanos que la gente quizá desconoce: el guión se escribió en un tiempo récord, en la producción se empleó un bajo presupuesto y se hizo de manera independiente, sin el apoyo de los medios tradicionales y hegemónicos; y mientras Daniel Mendoza conceptualizaba la serie y escribía el guion, tenía que cambiar de domicilio cada tantos días, protegido de un esquelético esquema de seguridad que dejaba mucho qué temer. El periodista era objeto de una persecución compleja, en la que incluso durante días enteros siquiera prendía el celular. La serie, en consecuencia, fue creada en un momento de gran tensión emocional, y en que Daniel era perseguido políticamente y corría gran riesgo de ser asesinado.

Matarife la Serie no es un trabajo de academia, como les gusta a los intelectuales de aula y gabinete; Daniel es un tipo que está bastante lejos de esos esquemas y del formalismo de la academia —tantas veces estéril— «Yo no uso corbata ni cargo maletín», como ha dicho en diversas ocasiones. Tampoco se trata de un formato de entretenimiento, y quienes desearan entretención claramente tendrían un mejor resultado visitando plataformas como Netflix o Disney +, donde encontrarían numerosas series con capítulos de cuarenta minutos o una hora, en lugar de presentaciones entre 4 y 8 minutos, como sucedía con El Matarife.

 

Reparación simbólica y reivindicación social

La serie, como tal, tiene una intención más que todo política y de reivindicación social y con las víctimas, no de rigor «académico» ni esas camisas de fuerza que se rezan de rodillas en las aulas. Esto, en todo caso, no le quita mérito ni rigor investigativo; pues no en vano el guionista y creador de la serie fue uno de artífices que destapó la «ñeñepolítica», y llevó durante años procesos con paramilitares relacionados con el uribismo, lo que le dio acceso directo a los testimonios de perpetradores y víctimas, así como a otras fuentes primarias de invaluable e irrefutable valor documental.

En este sentido, uno de los propósitos de la serie es que las nuevas generaciones conozcan una parte de la historia. Para algunos de quienes la conocen muy de cerca, en cambio, podrían calificar este trabajo como un «refrito». Están en todo su derecho. Sin embargo, Matarife la Serie, en principio, no busca aportar elementos «rigurosamente nuevos», tal como el guionista mismo enfatiza al indicar que cada minuto de grabación está apoyado en los expedientes, notas y artículos de prensa. Para aportar elementos nuevos, la instancia adecuada son los estrados judiciales. Que nadie se engañe. En todo caso, la serie sí aporta elementos novedosos, según comenté al comienzo de esta nota.

Por otra parte, cabe mencionar que no es una «serie de narcos», como algunos han insinuado (independientemente de que el político en el que se centra la serie haya tenido numerosos nexos probados con narcotraficantes y asesinos). Quien haya visto una serie de esta naturaleza puede apreciar la gran diferencia estructural que hay entre uno y otro formato. En las series de narcos y mafiosos, nada más por mencionar un rasgo elemental, se manipula a la audiencia con hábiles dosificaciones de serotonina y adrenalina para que esta se identifique con el villano y lo vea como un héroe o salvador incomprendido. Aquí sucede todo lo contrario.

Matarife la serie es un acto de aplastamiento despiadado, una denuncia sistemática y un escarnio inmisericorde que, entre otras razones, podría ser interpretado como un acto de reparación simbólica, de «justicia», con miles de víctimas, según lo han manifestado en las redes sociales algunas personas que han seguido de cerca el lanzamiento de la serie y las columnas periodísticas en las que esta se basa.

La producción de Matarife la Serie tiene un valor simbólico brutal. No en vano el primer capítulo alcanzó cerca de 4 millones de visualizaciones en YouTube en menos de 24 horas. Y tiene además el mérito de ser la primera serie documental en ser transmitida por redes de mensajería instantánea y por las redes sociales, con el fin de hacer imposible la censura, por lo cual, además de YouTube, llega directamente y de manera automática a los celulares de millones de personas, previa suscripción enviando un mensaje a una línea determinada; un fenómeno que sin duda marca un precedente en la industria audiovisual y que incluso redefine el formato mismo de lo que puede ser una serie, abriendo camino a nuevas posibilidades de comunicación digital.