El campo ruge vida 

¿Cómo vivir al margen de los fertilizantes? ¿Cómo proteger la fauna silvestre? ¿Cómo recuperar fuentes hídricas? Son algunas de las preguntas que se discutieron en el Festival Ambiental Corantioquia Contigo, en el que participaron más de 2.000 personas.

Ilustración: Daniela Londoño.

Por: Laura García Giraldo

Tres historias de vida marcadas por emprendimientos y campañas asociadas del cuidado de los recursos naturales, la vida salvaje y el desarrollo sostenible. ¿Cómo vivir al margen de los fertilizantes? ¿Cómo proteger la fauna silvestre? ¿Cómo recuperar fuentes hídricas? Son algunas de las preguntas que este especial busca responder después de finalizar el Festival Ambiental Corantioquia Contigo, en el que participaron más de 2.000 personas comprometidas con el medio ambiente. Representantes de 80 familias campesinas del programa Hogares ecológicos, 300 piragüeros y una apuesta por la fauna silvestre son un poco de lo que dejó este evento.  

De vuelta a lo rural

La vida de Nora Nelly Bedoya cambió hace 35 años cuando su pequeño hijo comió un fruto prohibido. El cultivo de fresas del esposo de Nelly era visitado constantemente por zarigüeyas, animales mamíferos que gracias a su dieta basada en frutas, dispersaban las semillas de la fresa, quedando así listas para la tierra. Un día cualquiera, el cultivo de fresas tuvo un invitado diferente, el hijo de la pareja, quien llevó a su boca una fresa y se intoxicó por los agroquímicos que esta contenía. 

El niño estuvo a punto de morir y desde entonces Nora se rehúsa a cultivar y consumir alimentos que tengan lo que ella denomina “agrotóxicos”. Inició la siembra de productos libres de químicos a una escala pequeña, que a lo largo de los años no representaron una canasta familiar. Hace 7 años, cuando se integró a Hogares Ecológicos, una estrategia de educación ambiental creada por Corantioquia –Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia– , descubrió cómo podía sembrar y satisfacer la alimentación del hogar desde su propio cultivo. 

Cuenta Bedoya que “nadie daba fe de este proceso. Eso de no usar químicos era devolverse al pasado, pero yo le aposté a la disminución y erradicación de los agrotóxicos que se aplicaban.  Por otra parte, la escasez de la alimentación también me llevó a esto, pues cómo que teniendo una tierra productiva no se sembraba comida. La gente pensaba que era mejor sembrar otros productos que generaran dinero pero nunca se pensó en cómo cubrir la alimentación familiar, esa fue mi idea, pensar en sembrar comida para la familia”

Para Nelly todo fue parte de un proceso. Viniendo de un hogar donde hay cinco hombres y ella es la única mujer, desarmar el rol cultural de las labores que realiza cada género representó uno de sus mayores logros. Demostrándole a sus hijos que ella como mujer iba a la huerta y cargaba bultos, ellos entendieron que también podían entrar a la cocina y preparar los alimentos. El siguiente reto, como era de esperar, era derrotar una imposición mayor, la de quién maneja la tierra. 

“Yo nunca fui dueña de tierra porque culturalmente la mujer nunca ha manejado la tierra. Fueron varios años de ir reuniendo pequeños lotes. Siempre tras ese sueño, porque las mujeres tenemos sueños. Llegó un momento en que había comida en la casa pero había también otras necesidades que suplir, entonces se pensó en sacar esos cultivos excedentes a la venta, ahí fue cuando nos vinculamos con Hogares Ecológicos y pasamos a vender los productos en los Mercados verdes –unos espacios de proyección del programa hogares ecológicos”, rememora doña Nora, quien también afirma que allí aprendió a sentirse orgullosa de ser campesina, porque antes creía que era algo vergonzante cuando se comparaba con otras personas profesionales. En Corantioquia aprendió a dignificar las labores del campo. 

El programa de Hogares Ecológicos ha llegado a más de 7.000 campesinos en 50 municipios donde Corantioquia tiene autoridad. Desde 2012 han incentivado la agricultura campesina bajo los parámetros de la sostenibilidad. Actualmente, en la finca de doña Nelly hay cerca de 40 productos, desde tomates, papas y lechuga hasta zanahorias, brócoli y cilantro. Estos terrenos que fueron comprando poco a poco, hoy representan el sueño cumplido de una mujer empoderada, por eso el nombre de su finca es “La poderosa”. 

“Porque es apostarle al sí se puede, a que una mujer es capaz de fortalecer una unidad productiva familiar. Porque mis hijos, a pesar de haber conocido la ciudad y de trabajar, decidieron regresar al campo. Fui yo la que les demostró que sí se puede vivir dignamente del campo. En este momento estoy con tres hijos y cada uno generamos un salario mínimo individual logrando que cada quien tenga su espacio y lo más importante, que permanezca el relevo generacional, que haya jóvenes ejerciendo la vida en el campo”, concluye con voz de orgullo doña Nora. 

De cómo los que piden serán correspondidos 

Hace 22 años, Óscar Loaiza Alzate se pensionó y desde entonces se ha dedicado a mejorar la calidad ambiental de los lugares que habita. Nació en una montaña donde su padre se demoraba seis horas para salir al pueblo. Loaiza es del departamento de Caldas y aunque sólo llegó a graduarse como bachiller, esto no le impidió ascender en todos los cargos del Banco Cafetero en el municipio de Filadelfia, Caldas. Se jubiló como gerente y tiempo después lo pidieron como alcalde para el municipio de Pácora, Caldas. 

Hace cinco años, Óscar tuvo que tomar una decisión. Dejar Caldas para acompañar a sus hijos en busca de ofertas laborales. El señor Loaiza y su esposa compraron una casa finca en la vereda La Miranda en Sopetrán, donde viven desde entonces, mientras sus hijos laboran como docentes en el SENA. Pero la realidad de la tierra caliente Antioqueña se convertiría en una nueva aventura. “Había mucho desorden en el acueducto y con las basuras, la gente las tiraba al caño, a la quebrada, al monte, a la carretera, y entonces los animales (perros, aves de rapiña), rompían eso y todos esos residuos iban a parar a la quebrada”, cuenta Óscar. 

A través de las integraciones con los habitantes de la vereda, Loaiza conoció a Diana María Ortiz, una líder que le enseñó los proyectos de Piragua –Programa Integral Red de Agua– y que seguidamente se encargó de explicarle cómo se formulaban los proyectos para presentar a esa red social. Desde entonces, la vereda La Miranda ha conseguido diferentes ayudas económicas y materiales. El proyecto estrella del momento es la canastilla de metro y medio cúbico que hay a cada kilómetro de la vereda, donde los pobladores o visitantes depositan los desechos. Ahora la vereda está libre en un 80% de basuras. 

Así como el proyecto anterior, don Óscar, junto con otras doce personas, cuida la quebrada llamada La Mirandita. “Vale la pena mencionar que es de las pocas quebradas que ha crecido actualmente. Su nacimiento se da en el Páramo de Belmira hasta su desembocadura en Sopetrán. «Piragua y Corantioquia me han ayudado mucho, para el acueducto me han regalado tanques y ahora sólo están faltando 30 millones de pesos para ser potables y suministrar agua para unas 1.600 personas. Todo eso se ha conseguido a punta del orden. Estamos cambiando paradigmas a través del diálogo con los pueblos». 

Piragua es la red social de monitoreo del recurso hídrico más grande del país, que trabaja en 80 de los 125 municipios de Antioquia, eso significa que está presente en el 64% del total de los municipios. Una de las actividades más importantes que Piragua desarrolla es la medición de lluvia, el monitoreo de la cantidad y calidad del agua y el aporte a la gestión del riesgo. 

“Piragua nos ha enseñado a ser contadores del recurso hídrico. Aprendemos a medir la lluvia con pluviómetros, es lo primordial, y así alarmar si hay situaciones de riesgo. Si en la parte alta está cayendo un aguacero muy duro nos comunicamos con los de abajo y les decimos que se pongan las pilas que va a bajar la quebrada. Estos aguaceros pueden inundar veredas y casas”. La lluvia también se mide para estudiar el comportamiento de los cultivos, aunque en el caso Sopetrán la lluvia viene siendo escasa, tanto que en 2015, gracias a las estaciones pluviográficas, se determinó que no llovió en 150 días.

Con 66 años, Loaiza puede decir que ha logrado varias cosas en su vida, y por eso también se identifica como un piragüero, uno de los 3.084 piragüeros. En la caseta comunal, amoblada por Piragua para los pobladores de la vereda La Miranda, se reúnen constantemente a ver películas y conferencias sobre el medio ambiente y para discutir sobre las mejoras, como los índices de calidad del agua en fuentes abastecedoras: si para el 2013 el 72% del agua de fuentes abastecedoras se consideraba buena, para el 2018 la cifra había subido al 90%, un indicador muy positivo. 

¡Paremos ya! 

“La hembrita estaba en embarazo y yacía junto al macho. Ese par de guartinajas vivían encerradas en un metro cuadrado dentro de una jaula. La familia los trataba como perros pero eran animales muy agresivos. Cuando nosotros llegamos, gracias a la denuncia de un vecino que le dio pesar, hubo un choque con la familia porque nos le íbamos a traer los animales. Eso fue un momento impactante tanto para la fauna como para los funcionarios. Dentro de la jaula metimos los guacales y esperamos a que las guaguas entraran”. 

Así como lo relata Carlos Carvajal, se trata de una típica escena de rescate de fauna. Carlos es un tecnólogo agroambiental que trabaja en la dependencia de fauna de Corantioquia, específicamente en puestos de control y educación ambiental. La labor es estar pendiente de que no se estén llevando a cabo talas, de que no se estén haciendo quemas grandes y que si hay un constructor no vaya a depositar aguas negras o residuos de la obra a los afluentes. Además, asistir a aquellos lugares donde se evidencia el maltrato animal.  

Según Carvajal, la campaña “¡Paremos ya!” para detener la crueldad con la fauna silvestre ha sido bastante agresiva visualmente, dado que Corantioquia no había sacado imágenes donde los protagonistas son los animales que han rescatado. Animales mutilados, aporreados, desnutridos y encerrados, animales que gracias al programa, hoy están rehabilitados y de vuelta en sus ecosistemas.

“La gente ha cogido un poco más de conciencia. Por medio de la campaña se han visto muchas entregas voluntarias. Los animalitos que llegan a la Corporación son evaluados por el veterinario, después por el  biólogo y finalmente se llevan a unas jaulas donde se van a rehabilitar, se les hace un proceso completo y en el momento en que ya están listos, dependiendo de la especie que sean, se liberan en el ecosistema donde pertenece cada animal. Ya si se convierten en presa de otra especie es debido una cadena alimenticia, pero que no caigan presas del ser humano porque nunca han debido ser nuestras mascotas”, explica Carlos. 

Ver el vínculo persona-animal que se crea, es una a de las experiencias más difíciles que afronta Carvajal en su labor, aunque es algo que se ve más por parte de la persona, porque el animal no siente un real apego de la familia, ellos se acostumbran fácil por medio de la resocialización. A veces por falta de conocimiento o de recursos, o cuando están retenidos por familias que no les dan el alimento adecuado, se entiende que algo está fallando. Es ahí cuando debe operar el papel educativo de funcionarios como Carlos: “Les contamos a estas familias sobre dónde pertenecen esos animales y cuál es su función ecosistémica”. 

Por ejemplo las guartinajas son diseminadoras de semillas, también cultivadoras porque algunas semillas las entierran, por ello Carvajal le pregunta a estas personas lo siguiente: “¿Usted cuándo se va a meter al rincón de tal bosque a sembrar estas semillas? Nunca, no tiene acceso, el proceso ecológico de este animal es ese”. 

Desde 2016 Corantioquia ha recuperado 4.190 especies y se espera que la campaña –¡Paremos ya!–, una iniciativa desarrollada por el Área metropolitana del Valle de Aburrá y Corantioquia, siga incrementando estos números. El tráfico y la tenencia ilegal de fauna silvestre es un delito que puede dar entre cuatro y ocho años de cárcel y una multa de 35 mil salarios mínimos mensuales legales vigentes, por eso y por el respeto a los animales es mejor dejarlos libres. Si conoces alguna persona o has presenciado este delito en el territorio, llama a la línea 123, o si eres propiamente alguien que se acaba de concientizar con la lectura de este texto, ¡llama!, el 80% de los casos de rescate son llevados a cabo por los mismos poseedores de fauna silvestre.