Protesta afuera de la biblioteca

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Con la biblioteca no sólo llegaron los libros. Al menos un sábado en el mes los empleados decoraban el lugar, cambiaban su atmósfera y traían a cantantes, cuenteros y payazos para las funciones comunitarias. Los letreros que invitaban a las presentaciones se ponían en las paredes de las calles y una multitud terminaba agolpada fuera y dentro del edificio.

Los estudiantes de La Independencia, el colegio del frente, fueron quienes más llenaron la biblioteca con el paso de los años. Se les veía haciendo sus tareas en grupo a todas horas de las mañanas y las tardes, pero sobre todo en el revuelo del medio día. Los niños también estaban por todos lados. Sus madres los acompañaban para ayudarles con las tareas, pero se quedaban en la sala de revistas, intrigadas por los dramas familiares de la realeza europea. Los señores  permanecían el tiempo necesario para buscar empleo y leer noticias en la prensa.

Con los años la biblioteca empezó a cumplir más roles de los que se tenían previstos. “Y los funcionarios teníamos que ser hasta sicólogos sin serlo, porque la gente venía a pedir consejos y a contarnos sus problemas personales. A veces se nos iban tardes completas atendiéndolos –recuerda Consuelo Marín, la entonces promotora de lectura-. Y hasta nos tocaba ser prestamistas, no sólo de libros, también de plata. Hasta los niños nos pedían prestado. Y esto también se convirtió en un en un lugar para conseguir novio y novia. Uno sabía cuándo ellos estaban de ‘cotizones’[1] porque no se concentraban en la lectura y se querían hacer notar. Era el pavo real con todas sus plumas extendidas. Entonces había más bullicio. Ellas se venían bien pispitas[2]. Se contoneaban, y subían y bajaban las escalas. Yo iba y me los gozaba. Les daba un abrazo y les decía: ‘¡Sí, estás bonita! Pero bájale el volumen a la voz, que esto es una biblioteca’. También aprovechaba para decirles: ‘Mira, este es un libro de primeros amores’, y los iba amarrando a la lectura”.

Sin duda, algo diferente se percibía en el ambiente del barrio desde que la biblioteca había llegado. Antes los lugares de encuentro eran la cancha de arena, que servía sólo para recreación, y los festejos anuales de la parroquia, que sólo congregaban en torno a la tradición católica. En la Centro Occidental había espacio y programas para todos los públicos.

3 comments

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