Pato de tiro al blanco

En momentos de grandes explosiones y repetición de disparos, un camión negro aparecía de improviso. Corría veloz por las estrechas calles de los barrios, surcando entre el mar de casas con un resuello de tractor y disparando a todas partes con un bramido ensordecedor que disminuía a los demás sonidos de la guerra. Se trataba de la tanqueta de la policía: un vehículo blindado, similar a un pequeño tanque, motor diesel, utilizado ordinariamente en labores de reconocimiento y apoyo de infantería. Desde esta tanqueta se disparaba hacia las calles y las casas, buscando atinar a los enemigos ocultos. “Recuerdo cierto día que estaba en mi casa, tranquilo. Y empecé a escuchar disparos. Corrí la cama en un ángulo de tiro que no me dieran desde el frente, y lo más alejado posible de la ventana. Pero luego apareció esa ráfaga que casi me saca de la ropa. Sonaba demasiado fuerte. Era de la tanqueta de la policía. Después vi levantarse un polvero, e imaginé que había llegado derribando paredes. Todos le temíamos a esa tanqueta. Sus balas podían tumbar paredes, y ya no me sentía a salvo ni en mi propia casa. Entonces me decía: ¡No, ahora sí me llevó el demonio!”.

Willian es de estatura media y mirada escrutadora. Tiene piel oscura, cabello crespo y unos ojos diminutos que contrastan un poco con su boca grande. Viste siempre de manera sencilla y conserva su filosofía. Cuando habla, se nota con facilidad que siendo joven ha vivido como medio siglo, y ríe constantemente. Todo parece venirle en gracia, o ironía. Pero él es, ante todo, un hombre tranquilo, apacible. Hace mucho que escribe poesía. Es su manera de abstraerse y expresar lo que siente. A veces tiene su bolso lleno de eso, y es normal que en cualquier momento saque de allí una hojita de papel con un poema escrito a lapicero que empieza a leer con un tono y una vitalidad impresionantes. Parece que Willian tuviera un poema para toda ocasión y él disfruta siempre leyéndolos. Es su mejor parte.

Durante los años de guerra, Willian hacía su carrera de ingeniería de sistemas en la Universidad de Antioquia: una de las universidades más antiguas e importantes de Colombia, de las más anheladas en los sectores populares de Medellín y en la que año tras año presentan prueba de ingreso más de treinta mil personas. Esa universidad se había convertido en su refugio: el único lugar a dónde ir y dónde quedarse mientras en su barrio continuaba la masacre rutinaria. Allí mismo se levanta algunos pesos. Instalaba un tenderete en uno de los pasillos, y allí exhibía las varitas de incienso aromatizado, y los collares, anillos, aretes y manillas artesanales que hacía con sus propias manos. Algunos profesores y estudiantes, compañeros de Willian, sabían que en la Comuna Trece ocurría aquella guerra. Y sabían que él la estaba padeciendo y que aquellas circunstancias a menudo lo deprimían. Pero no encontraban manera de ayudarle. Los profesores no le daban plazos extras para presentar sus informes y exámenes, aunque no hubiera podido estudiar ni dormir por causa de los disparos y el horror. Las cuentas de la energía tampoco dejaban de llegar a su casa. Y por eso Willian tenía que esforzarse en llevar una vida normal, en trabajar y estudiar al mismo ritmo de las demás personas de la ciudad, aunque le costara mucho hacerlo porque todo el tiempo no era más que una alterada y entristecida víctima de operaciones militares en un extremo de la ciudad. Su única forma de consolarse era escribiendo poesía. Buscaba una banca bajo los árboles de su universidad, y allí pulía sus sentimientos en hojas de papel. A la hora del almuerzo, o en las tardes, buscara alguna cafetería de la universidad para ver la televisión y enterarse de cómo evolucionaba la guerra en su barrio y conocer el número de muertos y heridos para ese día. En ocasiones no había muchas noticias, y no todo era cubierto por la prensa. Entonces marcaba el número telefónico de su casa:

–Ma, cómo está eso por allá.

–Regular –respondía ella al otro lado.

–Regular es cuántos –preguntaba él, melancólico.

Allowed tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>