Muerte bajo la lluvia de Orión

A las diez y treinta de la mañana habían llegado tres mil efectivos del Ejército y la Policía a los barrios Belencito, Corazón, Independencias I, Independencias II y 20 de Julio. Hicieron allanamientos casa por casa mientras continuaban con las requisas en las entradas de la Comuna. La Defensa Civil y la Cruz Roja, con  médicos y paramédicos, montaron una enfermería en la calle 35 con la carrera 92 para coordinar la atención de los heridos que dejaron los enfrentamientos. Eran las once cuando Juan Diego salió para la Universidad de Antioquia.

JUAN DIEGO:

“Cuando salí la cosa estaba calmada, la policía había rodeado la zona y ya no se oían balaceras, por eso pude ir a estudiar. Además, tenía examen y no podía faltar. En el camino los militares me requisaron. Eran como las tres cuando me senté a repasar el examen. Luego llamé a mi novia Flor. Ella me preguntó que si ya había llamado a mi casa, le dije que no y me aconsejó que lo hiciera. “A mí me dijeron que eso por allá estaba prendido”, me advirtió. Marqué el número de mi casa. “Mijo, me contestó mi madre, véngase lo más temprano que pueda, están dando mucho plomo”. Por la bocina se colaba el ruido de las balas. Le pregunté que cómo estaban todos y me dijo que bien, pero que Élkin había salido con Alexander y no sabía en dónde estaban.

Comencé a sentirme indispuesto como a las cinco y treinta, además, temía por la suerte de mi familia. Llamé a Andrés Jaramillo, un compañero de clase. Le pedí que me excusara con el profesor de psicolingüística, J. Mario Cardona, ya que me sentía muy enfermo y por mi casa la situación estaba delicada.

Tomé el metro y en la estación San Antonio me encontré con Alexander Quiceno, un amigo. Me quedé conversando con él, y ya habían pasado diez minutos cuando vi al novio de mi vecina Leidy que se bajaba del tren. Stiven me miró y avanzó hacia mí: “Juan, si es verdad que mataron a su hermanito Élkin”, me preguntó. Yo me asusté. Eso no es posible –le dije-, pues yo llamé como a las tres y todos estaban bien en la casa. “Mejor llame y se cerciora”, me respondió. Eso fue exactamente lo que hice. Marqué el número de mi casa. Al otro lado de la línea me contestó mi mamá llorando”.

LUCHO ( Luis Enrique Patiño, amigo de la familia, casi un hermano para Juan Diego):

“Salí a estudiar temprano. Bajé hasta la iglesia del 20 de Julio para coger un bus. Por todas partes se veían pasar  patrullas, tanquetas, motos, camionetas del ejército, del CTI y del DAS. Cuando el bus iba por la escuela 20 de Julio lo pararon los militares para requisar a los pasajeros. Al medio día subí en un bus de El Salado y los militares todavía estaban por ahí. Volvieron a requisarme. De pronto apareció un helicóptero y empezó a rondar por el barrio. Se escucharon unos tiros. Se veía a los soldados corriendo por todas partes. “Váyase para la casa que esto se va a prender”, me dijo uno de ellos. Rápidamente me fui para mi casa. Después de almorzar me tiré al mueble a escuchar el helicóptero. Al rato me pasé para la casa de al lado. Me quedé observando el helicóptero con mi vecino Dieguito. Se escuchaba el eco de las balas. “Mirálo, velo como está de bajito”, decía Bryan, el hermano de Dieguito.

Una tanqueta subía y bajaba, parecía cargar gente que capturaban. Fue entonces cuando vi a Alex y a Élkin que subían. Les silbé, pero no  voltearon. Yo los estaba llamando para que se quedaran en mi casa mientras se calmaba la situación. Silbé más duro y en varias ocasiones, pero no me escuchaban. Hasta que los perdí de vista. Por más pasito que yo le silbe a Alex, él voltea a mirarme, pero esta vez no lo hizo y no me explico por qué”.

2 comments

  1. hay q bn

    Comentario by nathalie on 10 agosto, 2015 at 10:29 pm

  2. hachh q bien
    esta bien chimba

    Comentario by nathalie on 10 agosto, 2015 at 10:30 pm

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