Gloria y el ángel de la Esperanza

Gloria también sueña con el día de irse, a un lugar donde no haya tanto temor y tanto cansancio de vivir y respirar. Un lugar donde no sean tantos los ojos que la miren. Ya no siente que su casa sea una prisión. Y en vez de ello, se aburre en la calle, y no siente que tenga nada para hacer afuera, en el asfalto del barrio El Salado.

–Sé que volveré a caminar. Pero no todavía. Lo haré lentamente, y deberé tener paciencia. Eso me lo dicen todos los sueños que he tenido. En el 2004 soñé que subía por unas escaleras empantanadas, y cuando pasé un umbral llegué a la era de Jesús, cuando él hacía milagros. Había un señor tirado en el agua y anunciando la venida del Señor. Yo también me metí en el agua, y cuando llegó, me le prendí de los mantos a suplicarle. Se veía todo mugroso y harapiento, como un mendigo. Pero yo sabía que era él. Y le suplicaba que me sanara de los pies que yo en la vida que llevaba era inválida. Pero él me decía que no, que todavía no. Que buscara en Santiago La venida del Señor. Y yo nunca había leído a Santiago.

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, guardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. Hermanos míos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; e aquí el juez está delante de la puerta. Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. Ha aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo”.

Santiago 5.7-11

Febrero de 2007

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