Gloria y el ángel de la Esperanza

Tercer acto:

Los ángeles

Gloria tenía doce años la primera vez que soñó con ángeles.  Iba tomada de la mano con uno de ellos hacia el fondo de un bosquecillo cerca de su casa. No era hombre ni mujer, simplemente un ángel.

–Te mostraré el libro de la vida. Allí anotaremos todo lo bueno y todo lo malo que hagas –le dijo el ángel dentro del bosque.

A comienzos del 2005, el terapeuta vio en Gloria la posibilidad de caminar y le envió unos Aparatos Largos para que hiciera sus primeros pasos. Durante unos meses ella hizo el esfuerzo de utilizarlos y poco a poco adquirió mayor sensibilidad en los pies. Se iba de un lado a otro sosteniéndose con dificultad de las paredes. Eran días en los que su ánimo cambiaba constantemente. Algunas mañanas despertaba entusiasta, con la fe puesta en Dios y dispuesta a caminar por toda la casa. Pero otras se mostraba sombría y deprimida, sin apostar una sola moneda a las posibilidades de caminar.

–¡Tanto trabajar…! tanto matarme para construir estos muros… ¿Para qué? Para que se convirtieran en mi cárcel.

No había quien la consolara en esos días.

Una vez, los trece años, Gloria intentó suicidarse. Tomó insecticida y fue a meterse debajo de un automóvil. ¿Por qué? “Depresiones de la juventud”, dice ella. Pensaba que si el veneno no la mataba, lo haría el coche cuando lo encendieran. Pero en el momento que empezó a ver todo nublado y sintió que en verdad iba a morirse, salió de debajo del auto y fue a esconderse en un cuarto. Entraron por ella y la llevaron al médico, donde le hicieron un lavado estomacal.

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