Gloria y el ángel de la Esperanza

No obstante, el abogado no llamó a Gloria ni el mes siguiente ni ningún otro mes del año 2004. Fue Rodrigo quien lo hizo en enero del 2005.

–Oye, ¿el abogado no te ha llamado para la primera audiencia?

–No –le respondió ella.

–Entonces llámate a ese señor a ver qué te dice de la demanda, pues varias demandas que él tenía de algunos colegas míos se las devolvieron. Como que no hizo nada y le revocaron el poder.

Gloria marcó el número del abogado. Era un miércoles.

–Doctor, lo llamo para pedirle el radicado, pues usted no me ha dado ningún número.

–Ve, llámame el lunes. Que yo lo voy a buscar y el lunes te doy todos los daticos –le respondió.

Gloria esperó la noche del lunes para llamarlo.

–Él no está, y no viene a dormir. Lo puede encontrar mañana –respondió la madre del abogado.

“Al día siguiente lo llamé y me resulta con que él no tenía esos papeles. Que se los  había entregado a un abogado que llegó reclamándolos, diciéndole que yo le había revocado el poder. Entonces yo le pregunté que si recordaba el nombre del abogado y me dijo que no. Que le parecía que era de apellido Vargas, pero no recordaba el nombre. ¿Cómo así? ¿O sea que usted le va entregando los papeles a cualquiera que vaya a reclamarlos?, le pregunté. Entonces dijo que se confió y los entregó. Como le habían revocado tantos poderes, pensó que también yo lo había hecho, y que por eso los entregó”.

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