Gloria y el ángel de la Esperanza

Segundo acto:

El abogado

Gloria y Leandro andan desesperados. Sienten que la posibilidad de una indemnización por parte del Estado se esfuma vertiginosamente.

A finales del año 2002, cuando Gloria aún estaba delicada por el accidente, llegó su hermana a visitarla. La acompañaba una amiga que se ofreció a llevarse a Gloria para cuidarla en su casa. Gloria no quería, pero aceptó ante las insistencias. Y fue trasladada hacia el barrio La Milagrosa, en el oriente de Medellín, el primero de enero del año 2003.

“Pensaba quedarme sólo un mes, pero cumplido este tiempo ella me dijo que me quedara  un tiempo más, y así me salí quedando hasta once meses”.

El esposo de Rosalba Pérez, quien cuidaba a Gloria, se llamaba Rodrigo. Trabajaba en obras públicas con el Municipio de Medellín y estudiaba derecho en el edificio Remigton, del centro de la ciudad. “Rodrigo me dijo que su profesor William Grisales podría llevarme el caso de una demanda contra el Estado. Acepté y  él contactó al profesor. Nunca me lo presentó. Sólo le firmé un poder por medio suyo en la Notaría Primera, y supuse que todo se haría por medio de Rodrigo”.

A finales del 2003 a Gloria la atacó una neumonía aguda. Fue hospitalizada un par de días y al salir decidió regresar a su casa. “Ya no quería estar como al cuidado de alguien, sino que quería venirme para la casa”.

Rodrigo quedó encargado de seguir de cerca la evolución del proceso, y prometió mantenerla al tanto. Sólo había que esperar la fecha de la primera audiencia. “No volvimos a hablar de eso porque la demanda ya estaba puesta. Sólo había que esperar. Pero a finales de marzo del 2004 me dio por llamar al abogado para preguntarle cómo iba todo. Y me dijo que iba muy bien, que me estaría enviando información con Rodrigo”.

Al mes siguiente Gloria volvió a llamarlo para pedirle el número de radicado. Con ese número ella podría estar más informada del proceso. “Me dijo que no lo tenía. Que lo buscaría y luego me lo daría. Pero que no me preocupara, que eso ya estaba en los tribunales. Yo pensaba pasarle el caso a otro abogado. Pero él me dijo que no había necesidad. Que eso de todos modos era muy demorado. O que si yo conocía de alguien que pudiera acelerar eso en los tribunales, que bien pudiera. Al final quedó de llamarme para darme el número de radicado”.

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