Bajo los pupitres

La escasez de profesores produjo que los pocos presentes cargaran durante un tiempo con la responsabilidad que los ausentes habían dejado.

ARGENY: Y fue un matadero. Porque hubo un mes entero en el que trabajamos más del tiempo que era, y casi con cuatro grados. En ese entonces eran como cuatro segundos, y yo tuve que tomarlos todos. Un día le enseñaba a uno como desde las siete hasta las diez de la mañana, descansaba media horita y después empezaba con otro, de diez y treinta hasta la una de la tarde. Un día dos grupos y al día siguiente otros dos. Turnados. Y eso era mortal. Tantos alumnos que había, y todos ellos tan inestables”.

Además del contrato de nuevos profesores, la alcaldía de la ciudad puso en marcha un programa llamado Salidas Pedagógicas y que consistía en regalar tiquetes gratuitos a profesores y estudiantes de la zona para ingresar a los diferentes parques recreativos de la ciudad. El objetivo primordial era llevar de paseo a los chicos para disiparlos un poco de los tormentos sufridos por la barbarie.

ALIRIO: Aquello favoreció mucho el ambiente escolar porque los niños se despejaron y cambiaron de ambiente. Además pudimos brindarles recreación, algo que casi nunca tenían.

Sin embargo, una vez gastados los tiquetes para los parques, estudiantes y profesores tuvieron que regresar a la realidad de lo que es la educación pública en la ciudad: escuelas pequeñas y hacinadas. Sobre todo las ubicadas en los sectores periféricos y populares, donde cada año se quedan sin estudiar cientos de niños por falta de cupos y dinero para comprar útiles escolares.

Diciembre de 2005

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