Bajo los pupitres

Mariscal. Así se llamó a la operación militar que las fuerzas estatales desplegaron en la Comuna Trece el martes 21 de mayo del año 2002. Ese día la profesora Carmenza Parra se encontró desde temprano con sus compañeros de trabajo Alirio, Argeny y Margarita, afuera de la estación del Metro. Ninguna ruta de bus estaba disponible para subir a los barrios de la Comuna Trece, y por eso empezaron a emprender su camino a pie, pero desde la distancia escucharon estruendos estremecedores y entendieron que sería imposible entrar hasta los barrios para dar sus clases. Se quedaron entonces afuera de la iglesia Nuestra Señora del Carmen, del barrio San Javier, hablando con otros profesores que se encontraban en las mismas circunstancias. Al día siguiente, cuando Carmenza llegó a la escuela, se encontró con la funesta noticia de que el día anterior su alumna de preescolar, María Isabel Jaramillo había sido asesinada.

Aquello hizo que los profesores temblaran de rabia y de dolor. Y con la paciencia rebosada gritaron “¡NO MÁS! ­–recuerda Margarita-. Hoy fue ella, mañana seremos nosotros. Esas balas ya están matando a demasiada gente”. Decidieron suspender clases en todos los colegios y escuelas de la Comuna Trece, y crearon un movimiento conjunto para protestar ante el alcalde de la ciudad, ante la grave situación de seguridad en aquel sector occidental. “¡Hasta aquí llegamos! –recuerda Alirio que así exclamaban los profesores-. Dennos las condiciones para trabajar. Es que en la Comuna Trece la gente y los niños se están muriendo, y ustedes no prestan atención a eso”. El alcalde de Medellín de aquel entonces, Luís Pérez Gutiérrez, un político vehemente y astuto, ya había sido informado de esas circunstancias por parte de los maestros, según atestigua el profesor Alirio. Pero la respuesta que obtuvieron de él y su secretario de educación fue como una bofetada a mano abierta en sus rostros.

ALIRIO: Decían que los profesores éramos unos perezosos, que no queríamos trabajar y por eso decíamos que pasaba eso. Que éramos perezosos y difamadores. Que ellos estuvieron en el lugar y aquí no pasaba nada. Que aquí había calma, decía el alcalde. Nosotros les insistíamos que allí, en la Comuna Trece, no teníamos inversión social, que faltaba presencia del Estado, que se necesitaba más trabajo con la comunidad y menos demagogia. Pero la única presencia que hicieron fue de bala, con las operaciones Orión y Mariscal”.

Las escuelas y colegios de la Comuna Trece se quedaron vacías durante meses. Y ante aquella situación de crisis institucional, el alcalde de Medellín y su secretario de Educación realizaron un plan de emergencia, que incluía el contratar a nuevos profesores que reemplazaran a los que se habían ido. El nuevo año trajo como novedad el retorno de los estudiantes a las aulas de clase, pero también marcado por un exiguo rendimiento académico y rastreros niveles de concentración. Matemáticas y español era las materias de mayor flojera, y los grados elementales, primero y segundo, los que mostraban mayores dificultades de aprendizaje. Por estas razones, en el 2003 los maestros tuvieron que pasársela «nivelando» y «reevaluando» a los chicos la mayor parte del tiempo.

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