Bajo los pupitres

Ingresar y salir del sector representaba el momento de mayor tensión para los profesores. En los días más serenos lo hacían en pequeñas busetas que llegaban hasta una estación del Metro.  Pero cuando las armas comenzaban a disparar, se esfumaban todos los medios de transporte. Y las calles se hacían desiertas. Y no había en ellas ni taxis, ni buses de servicio público. Entones ellos debían caminar, como los demás pobladores.

ALIRIO: En realidad era mucho el valor de los compañeros y compañeras educadoras. Porque así no existieran medios de transporte, nosotros entrábamos y salíamos caminando. Entonces llegábamos a la escuela y encontrábamos que ahí estaban los niños, esperando. Por eso veíamos que estar con los niños era la única forma en que podíamos  ayudarle a la comunidad, que vivía aquella guerra. Sólo en dos ocasiones no pudimos entrar para darles clases. Durante la operación Mariscal y la operación Orión, porque las fuerzas militares no nos dejaron pasar.

MARGARITA: En ocasiones, estábamos dando clase cuando llamaban por teléfono para informarnos que habría enfrentamientos. Entonces teníamos que soltar a los muchachos para sus casas.

ARGENY: Recuerdo aquel día de abril en que les celebrábamos el Día del Niño, les dábamos un paquete a cada uno cuando apareció la llamada telefónica.

MARGARITA: Teníamos que esperar a que los papás llegaran. Entonces se los íbamos entregando, pero ellos se ponían muy angustiados, y lloraban.

ARGENY: Nosotros no podíamos irnos porque debíamos cumplir con toda la jornada. Una vez nos tocó quedarnos como hasta las siete de la noche, porque las balaceras no nos dejaban salir. El señor del microbús que nos recogía no llegó, y los papás tampoco habían podido reclamar a los niños. Y como no podíamos dejarlos con el celador ni nadie más, teníamos que quedarnos.

MARGARITA: En ese entonces yo estaba embarazada, y sentía que el estómago se me tensionaba por los tiroteos. El bebé se me tensionaba y entonces yo ya no lograba estar tranquila. Y lo más tremendo es que la niña, cuando tenía unos tres años de edad, corría hacia a mí cuando escuchaba cualquier ruido, sobre todo al oír la banda marcial.

ARGENY: Yo noté que se me descontroló el ciclo menstrual. Empecé a atrasarme y por un tiempo creí que estaba en embarazo. Me hice la prueba, y nada. Más tarde me di cuenta de que era por lo que estaba viviendo. Fuera de eso me hallaba muy irritable. Incluso mi esposo me dijo una vez: “Argeny: uno te llama o te habla, y de inmediato respondes muy fuerte, como enojada”. Yo creo que todo ese cambio en el temperamento se debía a que uno estaba dictando clase y empezaba un disparo… y luego más… más… y más. Entonces hasta ahí llegaba la clase, hasta ahí llegaba todo. También bajé de peso porque en aquel tiempo no provocaba comer. Aunque nosotros éramos reacias a ser trasladas, y nuestros esposos respetaban esa decisión.

ALIRIO: Todos sufrimos crisis, y eran continuas las llamadas telefónicas y al celular de los papás, la esposa, los primos, los tíos, todo el mundo, para preguntar por nosotros y saber qué había pasado. Muchos íbamos al médico y nos mandaban calmantes. Teníamos que tomar drogas para estar más tranquilos y dormir en las noches.

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