El teléfono rojo

Siempre que pasábamos junto al teléfono rojo que queda en El Palo, cerca al edificio Comfama, ella se detenía y lo tocaba, como si saludara con un golpecito en la espalda a un viejo amigo.

Ilustración de Mariana Betancur.

 

Por: Bibiana Álvarez

Ilustración: Mariana Betancur

 

¿Por dónde, cuál teléfono? El público, llegando a esa calle que llaman El triángulo de las Bermudas, que lleva a La Plazuela de San Ignacio.

Sólo hoy le presté atención a ese ritual tan desapercibido por mí en otros momentos. Íbamos sin afán y le pregunté por qué lo hacía. Dudó.

–Siempre nos encontrábamos aquí –confesó al fin.

Y la escuché camino a la tienda De uno que hay sobre el tranvía.

Se citaban al mediodía. Sólo tenían dos horas, lo hacían rápido, en el motel que queda a un paso del teléfono o en otro que queda por el estadio. Al terminar, los dos sacaban cinco minutos para llamar, ella a Santiago y él a su esposa. Se bañaban y salían de vuelta, cada uno por el mismo camino que los había llevado dos horas antes al teléfono rojo, el público, el que queda llegando a esa calle que llaman El Triángulo de las Bermudas, ese que lleva a La Plazuela de San Ignacio.