Semana y el periodismo coctelero

Ahora solo me pregunto: ¿En dónde podremos leer las columnas que Daniel Coronell escriba en el futuro? A fin de cuentas, aunque es un medio importante, no creo que el periodismo empiece y termine en la Revista Semana.

Por: Róbinson Úsuga Henao

Ilustración: Bacteria

Hace algunos años Uribe, que insulta a todo el mundo, le dijo a Alejandro Santos que la Revista Semana hacía un «periodismo coctelero», es decir, un periodismo de relaciones públicas. No recuerdo bien si se lo dijo por las denuncias de Agro Ingreso Seguro o por los informes periodísticos sobre los Falsos Positivos. Lo vi en televisión.

Me impresionó de nuevo esa conocida habilidad de Uribe de ponerle nombres nuevos a las cosas viejas. Yo ya identificaba desde un tiempo esa malsana y lucrativa cercanía de la Revista Semana con el poder político y empresarial del país.

Luego tuve la oportunidad de comprobarlo, cuando trabajé como periodista para algunos de sus Especiales Semana, en donde hacían (o hacen) jugosos contratos con alcaldías y gobernaciones de todo el país para publicar artículos, informes y crónicas destacando la gestión de empresarios y burgomaestres.

Le agradezco a Semana por la oportunidad de aquel corto tiempo. Corto, porque me decepcionó descubrir lo mucho que pagaba una alcaldía por la nota publicada a su favor y mis precarios honorarios por escribirla.

Hace algunos años Uribe, que insulta a todo el mundo, le dijo a Alejandro Santos que la Revista Semana hacía un «periodismo coctelero», y cuando supe por medio de un informe de La silla vacía que los dueños de Semana (Gabriel Gilinski, Felipe López y María López) tuvieron una comida en el Palacio de Nariño con el presidente Duque y hablaron del tema del posible regreso de la política castrense de los Falsos Positivos (publicada luego por el New York Times), pensé de nuevo en aquel viejo insulto de Uribe.

¿Qué hacen los dueños de un medio de comunicación como Semana reuniéndose con el Presidente de la República para hablar de temas que estaban abordando los periodistas? La sola pregunta es incómoda. Ya saben, la deliciosa y malsana cercanía con el poder…

Lo cierto es que esa comida, imagino que frugal, no debió ser cualquier comida, porque desde ese momento los directivos de la Revista Semana empezaron a tomar decisiones funestas para la libertad de expresión en Colombia.

Primero, al parecer decidieron engavetar la investigación que adelantaba uno de sus mejores periodistas, el señor Ricardo Calderón. Luego el New York Times (sí) hizo lo debido y las consecuencias de ese reportaje todavía las estamos sintiendo.

Segundo, le cerraron las puertas a Daniel Coronell, el columnista más respetado y seguido del país, quien además lleva unos 14 años dándonos lecciones de buen periodismo desde el limitado espacio de una columna de opinión. Y lo echaron por algunas sencillas pero incómodas preguntas, como estas: «¿Por qué Semana no pudo concluir en tres meses la verificación de autenticidad de los documentos que pudo hacer el periódico estadounidense en unos días? ¿Semana privilegió su relación con el gobierno sobre su deber de informar a los ciudadanos?».

Tercero, contradijeron las opiniones de la misma presidenta de Publicaciones Semana, María López, cuando dijo que con la adquisición que hacía la familia Gilinski del 50% de la empresa, no resultaría afectada la política editorial. Menos de seis meses después,  sacan al respetado columnista Daniel Coronell por cuestionar la malsana cercanía que la revista parece estar teniendo con el Gobierno Duque.

Aquellos hechos y decisiones están impactando negativamente en la revista porque, debido a la indignación ciudadana, ya ha perdido más de 30 mil seguidores en Twitter y está perdiendo otros miles en su página de Facebook.

No creo que la Revista Semana se acabe por eso y que Daniel Coronell no tenga en dónde más expresar sus opiniones o publicar las investigaciones que realice en el futuro, pero lo cierto es que por decisiones de sus directivas se está dañando su prestigio. Incluso en las redes sociales algunos usuarios se preguntan si Semana va camino a convertirse en una especie de RCN en versión impresa.

Hace algunos años Uribe, que insulta a todo el mundo, le dijo a Alejandro Santos que la Revista Semana hacía un «periodismo coctelero». Quién iba imaginar que años después esa naturaleza coctelera del periodismo de Semana obraría de nuevo en su beneficio político. Gana Uribe y perdemos los periodistas y la ciudadanía en general. Gana Uribe porque odia a Coronell, a las preguntas que hace y los temas que investiga. Gana Uribe y pierde la libre expresión. Gana Uribe y pierde la democracia.

Ahora solo me pregunto: ¿En dónde podremos leer las futuras columnas de Daniel Coronell? A fin de cuentas, aunque es un medio importante, no creo que el periodismo empiece y termine en la Revista Semana.

 

Lluvia de Orión: El poder de la narrativa.

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